Autor Tema: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris  (Leído 4473 veces)

Alex22

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Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« en: Noviembre 16, 2009, 23:20:53 pm »
Autor: Desmond Morris
Fuente: Observe a su perro
Editorial: Plaza&Janes


PREVENCIÓN DE LA COPROFAGIA

Durante la larga convivencia del perro con la humanidad, hemos ido cambiando sustancialmente la dieta de éste, fundamentalmente carnívora, compuesta de proteínas, ha pasada a componerse de carbohidratos. Pese a este cambio, pocas modificaciones fisiológicas han tenido lugar en el aparato digestivo del perro; de esta forma el perro sufre frecuentemente trastornos digestivos por carbohidratos. Para compensar el cambio de dieta, los perros buscan instintivamente conservar la amilasa, la cual, por otra parte, se elimina por las heces de forma excesiva en algunos casos.

Cuando un animal casero come sus heces o las de otras animales, el dueño invariablemente interpreta este hecho como una perversión y quiere que inmediatamente se ponga punto final a ello. La coprofagia entre los animales de escala inferior no es sino la expresión de una insuficiencia de enzimas digestivas.

El factor más predisponente para la coprofagia canina es la deficiencia de amilasa, pero también pueden estar implicadas las deficiencias de enzimas lipídicas y proteolíticas.

La amilasa penetra en el tubo digestivo, hidrolizando los carbohidratos sin ser absorb¡da, y pasa a las heces en su forma original. De esta forma el organismo debe mantener una producción continua de la enzima para evitar la deficiencia y que se produzca la coprofagia. Existen factores dietéticos que pueden bien aumentar o disminuir la eficiencia de la digestión por la amilasa, así la sal actúa como activador y los metales pesados como inhibidores. La incidencia del déficit de amilasa parece ser mucho mayor en el Pastor Alemán que en otras razas. Esto puede ser debido a que por ser un animal de raza grande necesita una dieta con elevado contenido proteico, prohibitivo para algunos dueños, si es que optan por dar al animal una dieta casera. Con las dietas preparadas no ocurre así ya que incluso existen dietas especiales con más cantidad de proteína, cuyo coste no es muy elevado.

Alimentando a estos perros con una dieta elevada en hidratos de carbono, que no son capaces a veces de digerir, se da lugar a la coprofagia.

Otro caso diferente es el de muchas perros braquicéfalos, los cuales padecen desequilibrios hormonales, los cuales influyen a su vez en la producción de enzimas. Este hecho favorece la explicación de porqué este tipo perros puede padecer simultáneamente insuficiencia proteolítica y amilolítica.

La atracción de los perros por las excretas de animales que se mantienen preferentemente con dietas carnívoras indica que el animal padece insuficiencia de enzimas proteolíticas. El Boston Terrier y el Bulldog Francés, bajo estrés enzimático, es especialista en descubrir los sitios donde los gatos entierran sus heces.

Si se considera la química que comprende este problema, en el cual el organismo proporciona por lo menos tres proteinasas, como variedad de enzimas proteolíticas, es de admirar que los perros enfermos y carentes de estas enzimas busquen tales fuentes y, por tanto, su propia medicina.

PREVENCION

Las enzimas proteoliticas no se encuentran generalmente en los alimentos, pero existen algunas excepciones. La papaya es fuente de una enzima, la papaína de elevada potencia, la cual puede digerir la queratina y la mayoría de las proteínas, incluyendo la piel de los parásitos del género áscaris, oxiuris y trichuris, pero no las especies del género taenia. La papaína se utiliza mucho para ablandar la carne y tiene amplia aplicación en medicina humana, denominándose pepsina vegetal.

Los frutos, raíces y hojas de la piña contienen abundantes enzimas proteolíticas. Los higos, la calabaza y calabacín también contienen estas enzimas.

Aunque algunos perros no aceptan fácilmente estos frutos y vegetales, su necesidad de enzimas proteicas puede ser tan grande que domine el apetito, lo mismo que sucede con la coprofagia cuando sienten la necesidad de amilasa.

El uso de amilasa procedente de hongos (de venta en farmacias), el inositol de la levadura, la alimentación con órganos glandulares y corazón, también tienen efecto beneficicioso para combatir la coprofagia.

Los vitaminas del complejo B, papaína, pancreatina, pueden resultar esenciales para las especies braquicéfalas o en los casos que la historia clínica del paciente indique ya la existencia de una insuficiencia proteolítica.

¿Por qué algunos perros se persiguen la cola?

Con bastante frecuencia, vemos a un perro dando vueltas en circulo a gran velocidad, persiguiéndose la cola. Cierra las fauces al huidizo apéndice y luego continúa su acalorada persecución, girando como un molino, dando a veces tantas vueltas que llega a quedarse mareado y desorientado. Para el observador humano, lo que empieza siendo una travesura divertida por parte del perro, y que semeja una sencilla pauta lúdica, llega a veces a resultar perturbador. Comienza a parecer un estereotipo convertido en una anormalidad de la conducta en vez de un juego rítmico. Por desgracia, esto no está muy lejos de la verdad, porque el acto de perseguirse la cola es, por lo general, una dolencia de los perros que se han mantenido en unas condiciones antinaturales y aburridas.

Los perros son seres sociales y les gusta mucho explorar. Si se les priva de compañeros, tanto caninos como humanos, o si se encuentran en un medio ambiente constreñido o monótono, llegan a sufrir. El peor castigo mental para un perro es que le dejen solo en un espacio bastante reducido donde nada cambia. Esto rara vez sucede con los perros domésticos, a menos que sean lo bastante desgraciados como para caer en manos de unos amos crueles. Pero los perros salvajes de los zoos se han visto a veces alojados en unas jaulas pequeñas, adosadas y vacías, condenados a una pena de cadena perpetua de confinamiento solitario. La observación de dichos animales ha revelado que, con frecuencia, desarrollan «tics» y acciones estereotipadas, como morderse las patas, la cola, retorcer el cuello, pasear y otras pautas de perturbada conducta repetitiva. A veces, esos tics se hacen tan salvajes que los perros se muerden con fuerza en su propia carne y se producen auténticas llagas. Este autocastigo pudiera parecer destructivo, pero tiene el efecto de proporcionarle unos estímulos agudos en un mundo que se ha vuelto un insoportable limbo de aburrimiento. El acto de perseguirse la cola es una forma típica de esa clase de conducta.

También se observa en un cachorro que ha sido aislado de sus compañeros de camada. Se lo han llevado a una casa nueva y de repente le han privado de los rudos juegos típicos de una animada camada, y por lo tanto debe buscar nuevas formas de estímulo. Si sus amos no juegan con él lo suficiente, el cachorro encontrará difícil empezar un «juego»; y, en ese momento, la cola se convierte en el mejor «compañero» disponible. Esto no es malo en si, siempre que sus vueltas no lleguen a ser una obsesión convulsiva. Muchos cachorros solitarios lo hacen durante cierto tiempo y luego abandonan este hábito. Sólo cuando persiste en la edad adulta indica un defecto en el medio ambiente del perro, y una enorme necesidad de relación social y de aventuras. Por lo general, se corrige simplemente, cuidando esos aspectos de la vida del animal.

La única excepción a esta regla es cuando un perro sufre de alguna incurable irritación en la zona de la cola, como glándulas anales inflamadas o un persistente dolor a causa de una cola mal cortada.

Pero, en tales casos, es probable que se den unas respuestas más específicas, como arrastrar el trasero y mordisquearse la cola.

¿Por qué los perros quieren dormir en la cama de sus amos?

Muchos propietarios de perros han sufrido porque un perro de compañía pide que le dejen dormir en la cama. Los perros falderos a veces ganan esta batalla, pero si un gran danés lo consigue, la cosa puede terminar en la disputa de la custodia en un tribunal de divorcios. ¿Por qué se muestran tan deseosos de pasar la noche cerca de sus amos?

La respuesta es que, en cierto modo, nunca se desarrollan más allá del estadio de cachorro. Porque, incluso como adultos, ven a sus amos humanos como seudoparientes, y consideran una pretensión muy natural querer tumbarse cerca del cuerpo de su «madre». El concepto de «madre» no tiene por qué corresponder a una mujer. Si el perro está más apegado al hombre de la casa, será él quien se convierta en la madre de adopción y, por tanto, el objeto deseado para estar en contacto con él en la cama. De una forma o de otra, ello puede representar una considerable dificultad en las relaciones maritales y, en algunos casos, tanto literal como legalmente, ha conducido a que se separe un matrimonio.

Incluso si, a través de un estricto adiestramiento, el perro de la familia es apartado de la cama, seguirá queriendo dormir lo más cerca posible de su «manada». En estado salvaje, una vez han abandonado el cubículo de la camada, los lobos jóvenes prefieren dormir relativamente cerca unos de otros. Sólo a un individuo que haya sido expulsado de la manada se le verá dormir a cierta distancia del grupo. De esto se infiere que un perro mantenido rígidamente apartado de sus dueños humanos por la noche, puede llegar a sentirse como un proscrito de su manada de adopción. Donde hay un grupo de perros de guarda o jauría de sabuesos, esto no presenta el menor problema, como es natural, porque los animales tienen la compañía de una madre. Pero si hay un solo perro viviendo en una casa, le será difícil comprender por qué lo destierran a la hora de irse a la cama, manteniéndolo a la fuerza apartado de sus compañeros humanos. Al final, la mayoría de las familias llegan a su propio compromiso, permitiendo que el perro esté lo más cerca posible del dormitorio, sin que se convierta en un estorbo para los que duermen en la cama.

¿Por qué a los perros les desagradan unos desconocidos más que otros?

Los perros se muestran casi siempre suspicaces ante los desconocidos que entran en casa de sus amos, y los reciben con un gran alarde de ladridos y de olisqueos. Ciertos visitantes tienen la virtud de calmarlos con rapidez, mientras otros parecen incapaces de lograrlo e incluso pueden llegar a ser arañados y mordidos.



¿Qué diferencia existe entre ellos?

La respuesta radica ante todo en el estilo de los movimientos del cuerpo del visitante. Algunas personas tienen, por naturaleza, un modo de moverse y sus acciones son sosegadas y tranquilas. Otros, de por sí, son más bien tensos y accionan a sacudidas. Tienden a realizar movimientos rápidos y dubitativos, y es mucho más probable que este tipo de individuos susciten la agresión en los perros, porque son gestos y reacciones que se asemejan a los que se producen en los encuentros con cánidos hostiles o nerviosos.

Si esa persona nerviosa y brusca teme además a los perros, la situación empeora, porque empezarán a realizar bruscos movimientos de retirada y eso emite señales a los canes que, automáticamente, avanzan y pueden incluso llegar a atacar. Apartarse de un perro que ladra, o realizar cualquier clase de rápido movimiento de huida, tiene como consecuencia que el animal se sienta de repente superior y responda de acuerdo con ello.

En contraste, la persona que «conecta con los perros» tiende a responder saludando a los saludos, aproximándose en vez de retirándose, y les ofrece alguna clase de contacto con la mano. Esto puede convertir en segundos a un perro escandaloso y ladrador en un can que hace fiestas y mueve la cola y, una vez que la ceremonia de la salutación ha concluido, el chucho se relajará y cesará de interponerse en el camino del recién llegado. Sin embargo, esto sólo funciona con perros que ladran o saltan mientras mueven la cola. Si, en vez de ello, el perro que te saluda en la puerta principal de alguien se halla muy rígido, gruñe o refunfuña, y te mira de una manera fija, el único curso de acción es quedarse muy quieto y no hacer nada, ni avanzar ni retroceder, y confiar en que el dueño del perro acuda en tu rescate. Con un animal así, el instinto de agresión es tan elevado que resulta peligroso emitir ninguna señal en absoluto, y la completa inmovilidad es la mejor manera de reducir tu impacto visual. Si te encuentras solo y realmente preocupado acerca del estado de ánimo del perro, en ese caso emitir unos quejidos lastimeros o gemir puede desconectar la situación al suscitar los sentimientos protectores paternales en el defensor del hogar. Pero no existe garantía de que esto funcione, porque tú perteneces a una «manada extraña» y, por lo tanto, no eres digno de confianza. Afortunadamente, unas formas tan extremas de salutación hostil son raras, a menos que un perro haya sido especialmente entrenado para atacar a los intrusos. La mayoría se limitan a ladrar y a saltar alrededor de los visitantes y son bastante fáciles de convencer, excepto por los que se alteran y se mueven mucho.

¿CÓMO INVITAN A JUGAR?

En la mayoría de las especies de mamíferos el ser juguetones se va desvaneciendo cuando los individuos se hacen adultos. Existen dos excepciones notables a esta regla: los perros y las personas. Durante el transcurso de la evolución, nosotros mismos nos convertimos en «monos juveniles», conservando nuestra curiosidad y nuestras ganas de jugar a través de la vida adulta. Esta cualidad es la que nos dio una notable inventiva y se encuentra en el mismo corazón de nuestra historia de asombroso éxito. Por lo tanto, no resulta sorprendente que el animal elegido para nuestra compañía más íntima compartiera con nosotros esa prolongada gana de jugar.



Lo mismo que nosotros somos monos juveniles, los perros son lobos juveniles. De adultos, los perros domésticos de todas las razas siguen siendo inusualmente juguetones, incluso después de haber alcanzado una edad avanzada. Uno de los problemas con que tienen que enfrentarse es cómo indicar a los otros perros, o a las personas, que tienen ganas de jugar. Dado que lo lúdico a menudo implica luchar en broma y en falsas persecuciones, es imprescindible dejar claro que una acción particular es sólo una diversión y que no se puede tomar en serio. Esto se lleva a cabo realizando una exhibición especial de una invitación al juego.

La más popular de esas señales de «juguemos» es la inclinación para jugar, en la que el perro, de una forma muy expresiva, baja la parte anterior de su cuerpo mientras la posterior permanece alzada. Sus patas delanteras se colocan en posición de «esfinge sentada», por lo que su pecho toca, o casi toca, el suelo, en contraste con sus patas traseras que se encuentran estiradas verticalmente. En esta postura, el perro juguetón se queda mirando fijamente a su compañero y realiza pequeños movimientos de sacudidas hacia delante, como si dijese «vamos, vamos». Si el compañero responde, sigue a ellos un juego de persecución, o una lucha fingida. Debido a la forma en que esta persecución o carrera se ha iniciado con la señal especial de jugar, el perseguirse nunca llega a un ataque auténtico y la huida jamás acaba con el perro que se retira con una tremenda mordedura. En realidad, el que persigue y el que huye cambian una y otra vez de situación, intercambiándose por turnos el papel de perseguidor y el de perseguido, y la prontitud con que lo hacen revela que no están atravesando estados de ánimo de agresividad ni de miedo, sino que los fingen. Correr en amplios círculos es algo típico de esta clase de juego.

Se ha dicho que, en su origen, la inclinación al juego constituye un gesto de desperezamiento modificado. Ciertamente es muy similar a la clase de estiramiento de las patas que se observa cuando un perro se despierta y se prepara para volver a la actividad. La idea es que, al hacer una exhibición de «desperezamiento», el animal indica que se encuentra relajado y que el ataque y la persecución que están a punto de empezar, no van en serio. Pero una explicación más probable es, simplemente, que la inclinación es un movimiento detenido para luego encabritarse, al igual que la postura agazapada que adopta un atleta mientras aguarda que suene el pistoletazo que da comienzo a la carrera. Existen otras señales típicas caninas de invitación al juego. Una de ellas es la llamada cara juguetona, una expresión que es el equivalente canino de la sonrisa humana y que posee unos componentes similares. Los labios se retraen hacia abajo horizontalmente y no verticalmente. La línea de la boca por lo tanto aumenta de tamaño, con las comisuras de los labios retirándose hacia las orejas. Las mandíbulas se hallan levemente abiertas pero no existe la menor intención de mostrar los dientes. En cierto modo, se trata de lo opuesto al gruñido de un perro enfadado, cuyas comisuras de la boca se encuentran estiradas hacia delante y el hocico nariz se retuerce hacia arriba para mostrar los dientes frontales. Un perro que tiene cara de querer jugar no es en absoluto agresivo.

Otras incitaciones de unirse al juego incluyen golpear con el hocico, dar manotazos y ofrecerse. Los hocicazos se derivan de los movimientos infantiles de empujones que realizan los cachorros al ali mentarse en las tetas de la madre. Dar manotazos a, o hacia, un compañero para incitarle al juego, proviene asimismo de la conducta infantil en el momento de alimentarse. Un perro juguetón puede, simplemente, sentarse, mirar al compañero y luego hacer movimientos en el aire con una pata delantera, echándola hacia delante como si saludara.

La señal de «ofrecimiento» es una forma de engatusar a alguien para jugar. El perro trae un objeto, como una pelota o un palo, y se sienta frente a su compañero con su regalo colocado en el suelo entre sus patas. En cuanto intentamos cogérselo, el perro lo atrapa con los dientes y escapa de allí. Si se le persigue, el perro ha logrado lo que quería: ya está uno enzarzado en una pauta de juego. Si nos detenemos, la oferta se realizará de nuevo.

A veces, un perro muy animado, por lo común cuando, tras haber estado encerrado durante un rato, le dejan salir a un espacio abierto, lleva a cabo una exhibición de cabriolas y vueltas, como una señal de que el juego debería empezar. Los movimientos, carreras, giros, saltos, brincos y zigzags son muy exagerados, y suele intercalar entre ellos inclinaciones al juego, rápidamente llevadas a cabo y abandonadas, pues el perro juguetón sigue en sus conspicuas y locas carreras y cabriolas. Este tipo de conducta es a veces usado por los lobos para engañar a su presa. Al bailotear de una manera extraña, fascina a sus víctimas, a las que, de ese modo, se puede aproximar con mayor facilidad. En Norteamérica, durante el siglo pasado, esta estrategia de engaño fue explotada por los cazadores de patos. Alentaban a sus perros, por lo general caniches, a saltar juguetones en un espacio despejado. Tras verles, los patos salvajes no resistían a acercarse más para investigar lo que estaba pasando, y eso era su perdición. A esta forma de atrapar patos se le llamó «tañido» y a los perros se les denominaba «tañedores». El hecho de que hasta los patos resultaran atraídos revela lo invitadoras que, durante el transcurso de la evolución, han llegado a ser las acciones de los chuchos cuando incitan a jugar.

No obstante, algunos perros jóvenes están demasiado asustados para unirse a sus mayores en un juego de agresiones. Los adultos lo encuentran frustrante e insistirán en provocar a sus compañeros más jóvenes. Una estrategia empleada en esta particular circunstancia es la «exhibición tranquilizadora». Un animal dominante se tira al suelo cerca de los tímidos jovencitos y rueda sobre el lomo en la más pasiva postura perruna. Este acto momentáneo de bajo status consigue que los novatos se sientan mucho más importantes y vayan atreviéndose a acercarse. En ese momento puede comenzar el juego. Esta forma de interacción se observa asimismo cuando un perro adulto muy grande desea jugar con otro muy pequeño. La postura de sumisión del animal mayor es muy efectiva y hace sentirse cómodo al pequeño, con lo que se produce una secuencia lúdica.

Para que los perros jueguen bien de adultos es fundamental que hayan disfrutado jugando con sus compañeros de camada cuando eran jóvenes. Durante los primeros meses de la vida es cuando los cachorros descubren la necesidad de realizar lo que se llama el «mordisco suave». En la primera época, al juguetear unos con otros, no refrenan sus mordiscos y sus aguzados dientes originan gañidos y quejidos de dolor. Pero cuando se percatan de que los mordiscos fuertes detienen el juego, aprenden con rapidez a suavizar la presión de sus mandíbulas. Los perros que se han aislado de jóvenes y han quedado privados de su fase de juegos como cachorrillos, a veces se convierten en fuente de problemas cuando son adultos. Al faltarles el mordisco suave lastiman a sus compañeros de juegos y a veces llega a producirse una auténtica pelea. Esos perros son conflictivos en los parques públicos, donde se reúnen los perros para jugar.
¿POR QUÉ LADRAN LOS PERROS?

Constituye un error común imaginar que un perro que ladra está amenazando a alguien. Parece estar llevando a cabo un fuerte alboroto dirigido de forma directa a usted, pero esto constituye una falsa interpretación. En realidad, el ladrido es una señal de alarma canina y se dirige a los demás miembros de la manada, incluyendo la manada humana a la que el perro pertenece.



El mensaje del ladrido es: «Aquí está sucediendo algo extraño... ¡Atención!» En el medio salvaje esto tiene dos efectos: el de que los cachorrillos busquen refugio y se escondan, y el de estimular a los adultos para entrar en acción. En términos humanos, es algo semejante a tocar una campana, golpear un gong o hacer sonar un cuerno para anunciar que «alguien se acerca a las puertas» de una fortaleza. Esa alarma no nos llega a decir si los que se aproximan son amigos o enemigos, sino que previene respecto de que hay que adoptar unas necesarias precauciones. Esta es la razón de que unos fuertes ladridos puedan saludar la llegada de un pariente del amo del perro lo mismo que la intrusión de un ladrón. Una vez ha quedado identificado el recién llegado, los ladridos serán sustituidos o por una amistosa ceremonia de saludo o por un ataque en serio.

En contraste, el verdadero ataque es por completo silencioso. El perro agresivo y sin miedos, simplemente echa a correr hacia ti y muerde. Las demostraciones de los perros policía, que atacan a los hombres que simulan ser criminales en fuga, confirman esto. Cuando el hombre, con el brazo cuidadosamente protegido, echa a correr por el campo y es soltado el perro policía por parte de su cuidador, no se producen ladridos, ni el menor sonido. El silencioso salto del perrazo acaba con rapidez con las mandíbulas clavadas en el acolchado brazo, sujetándolo con fuerza.

La huida es igualmente silenciosa. El perro que trata desesperadamente de escapar, se mantiene en completo silencio mientras se aleja en la distancia. Esencialmente, las vocalizaciones son indicaciones de conflicto o frustración. El hecho de que casi siempre acompañe encuentros agresivos con perros sólo significa que, incluso el más hostil de los canes, está por lo general un poco asustado. El completo silencio del auténtico ataque del perro policía es menos corriente que el ataque con gruñidos. Gruñir con los labios retraídos para mostrar los colmillos constituye algo típico del perro que es muy agresivo pero tiene un poco de miedo. El leve matiz de pavor es lo que convierte al ataque silencioso en uno con gruñidos; pero no se trata de un perro con el que se pueda juguetear. El impulso para atacar es aún demasiado fuerte. El perro que gruñe constituye una pesadilla para los carteros.

A continuación en un orden de miedo creciente está el perro que refunfuña. El que refunfuña tiene más miedo que el que gruñe; pero el riesgo de un ataque sigue siendo aún grande. El que refunfuña puede sentirse aún más a la defensiva; no obstante existe todavía una gran agresividad suficiente para explotar en un verdadero ataque de un momento a otro.

Cuando el equilibrio se desnivela ligeramente del puro ataque y el miedo avanza un poco más hasta tomar la delantera, los refunfuños empiezan a alternarse con ladridos. El grave gruñido se «expansiona» de repente hasta un profundo ladrido. Esto se va repitiendo: gruñido-ladrido, gruñido-ladrido. El mensaje procedente de un perro así es el que sigue: «Me gustaria atacarte (gruñido), pero creo que pediré refuerzos (ladrido).»

Si el elemento miedo aumenta cada vez más y comienza a dominar la agresión, en el interior del cerebro del can, el gruñido de la exhibición desaparece y sólo se oye el ladrido, muy alto y repetidamente. Esto puede continuar durante un rato irritadamente prolongado, hasta que, o bien se desvanece el elemento extraño que lo ha causado, o la «manada» humana ha acudido a investigar qué ocurre.

La característica principal del ladrido del perro doméstico es que se produce en explosiones tipo ametralladora: gua-gua-gua..., guau-guau-guau-guau-guau..., guau..., guau-guau-guau, etc., en una excitada corriente de potentes ruidos. Esto es algo que se debe a diez mil años de cría selectiva de los perros, y no a los antepasados salvajes de nuestros animales domésticos. Los lobos ladran, pero el ruido que hacen resulta mucho menos impresionante. La primera vez que se oye ladrar a una manada de lobos, se reconoce de inmediato de qué se trata; pero resulta dificil creer que sea algo tan modesto y tan breve. El ladrido del lobo no es alto, ni muy frecuente, y es casi siempre monosilábico. Se puede describir mejor como un sonido en staccato. Por lo general se repite cierto número de veces, pero nunca evoluciona hasta el ruidoso sonido de ametralladora tan típico de sus descendientes domésticos.

Y lo que es aún más curioso, se ha informado de que los lobos que hoy permanecen bastante cerca de los perros acaban aprendiendo, al cabo de algún tiempo, a emitir su largo ladrido. Por ello, resulta claro que no es tan dificil la transición desde un gañido a un superladrido. A pesar de esta habilidad para aprender, parece muy probable que, en los primeros siglos de la domesticación del perro, se produjera una selección bastante rápida por parte de los primitivos dueños de perros para que un «ladrador» mejorado actuase como una alarma contra los ladrones. Partiendo del modesto gañido del lobo, seleccionaron en las camadas a los cachorrillos de un ladrido más persistente y alto, hasta que se desarrollaran los perros de guarda actuales en extremo ruidosos. Hoy, casi todas las razas de perros conservan las cualidades genéticas que les confirieron un ladrido mejorado, aunque, en este aspecto, algunas razas tienden a ser más impresionantes que otras. Sólo el basenji, o perro africano silencioso, parece haber escapado por completo a esta tendencia. Esa raza particular se desarrolló de un pequeño y silencioso perro cazador en el antiguo Egipto, hace ya más de cinco mil años y, al parecer, en su ya larga historia doméstica jamás se le han encomendado misiones de guardián.

Para resumir, puede decirse que el refrán «perro ladrador poco mordedor» se halla basado en una auténtica verdad. Así, pues, el perro que ladra no es por lo común, lo suficiente valiente como para morder, y el perro que muerde no se molesta en ladrar para pedir refuerzos por medio de la llamada de alarma.
¿POR QUÉ MENEAN LA COLA?

A menudo, tanto los profanos como los expertos, afirman que si un perro menea la cola se trata de un ademán amistoso. Pero esto no es así. El error es parecido al que comete la gente que insiste en que si un gato mueve la cola es porque está enfadado. La única condición emocional que comparten todos los que mueven la cola, tanto los caninos como los felinos, es un estado de conflicto. Esto es verdad en casi todos los movimientos hacia delante y hacia atrás en la comunicación animal.



Cuando un animal se encuentra en un estado conflictivo se siente atraído, al mismo tiempo, en dos direcciones. Desea avanzar y retirarse; quiere ir a la derecha y a la izquierda. Puesto que cada impulso cancela al otro, el animal se queda donde está; pero en un estado de tensión. El cuerpo, o una parte de él, empieza a moverse en una dirección, obedeciendo un impulso; luego, se detiene y se mueve en la dirección opuesta. Esto lleva a una serie de estilizadas señales en el lenguaje corporal, de diferentes especies. Existen retorcimientos del pescuezo, oscilaciones de la cabeza, inclinaciones de las patas, movimientos de los pies, giros de los hombros, ladeamientos del cuerpo, oscilaciones de la cola y, tanto en gatos como en perros, los tan conocidos meneos de la cola.

¿Qué está sucediendo exactamente en la mente del perro que menea el rabo? En esencia, el animal desea quedarse y también quiere alejarse. El impulso de irse es simple: lo origina el miedo. La urgencia de quedarse es más compleja. En realidad, no existe un impulso sino varios. El perro puede desear quedarse porque está hambriento, amigable, agresivo, o por cualquier otra causa. Esta es la razón de que sea imposible etiquetar el movimiento de la cola como correspondiente a un solo significado. Se trata de una señal visual que casi siempre hay que leerla en su contexto, junto con otras acciones que están teniendo lugar al mismo tiempo. Algunos ejemplos servirán para aclararlo:

Los cachorros no menean la cola cuando son muy jóvenes. El meneo de cola más temprano registrado se observó en un cachorro de diecisiete días, pero esto fue inusual. A los treinta días, aproximadamente el cincuenta por ciento de los cachorros menean la cola y la actividad alcanza toda su madurez a la edad de cuarenta y nueve días. Se trata de cifras medias, y puede haber alguna variación según las razas. La circunstancia en que aparece por primera vez el meneo de la cola es cuando los cachorros se alimentan de su madre. Al alinearse en torno de su vientre y comenzar la perra a darles de mamar, sus colas empiezan a moverse furiosamente. Resulta sencillo interpretar esto como un «deleite amistoso» por parte de las crías; pero, si fuese así, ¿por qué el movimiento de la cola no se muestra antes, cuando los cachorros tienen, por ejemplo, dos semanas? La leche era igual de importante para ellos y sus colas estaban lo suficientemente desarrolladas... En ese caso, ¿por qué lo pasaban por alto? La respuesta es un conflicto entre los cachorrillos. Cuando tienen dos semanas, los cachorros se acurrucan juntos para darse calor y sentirse cómodos; pero aún no existe una seria rivalidad. No obstante, cuando ya tienen seis o siete semanas, cuando el meneo de la cola está alcanzando su plena expresión, los cachorros han llegado al estadio social de rebullirse y pelearse. Para alimentarse de la madre deben juntarse más, acercarse a los cuerpos que están mamando y empujándose. Esto origina miedo, pero el miedo se ve vencido por la urgencia de alimentarse de unas tetitas que están poco separadas. Por lo tanto, mientras se amamantan, los cachorros se encuentran en un estado de conflicto entre el hambre y el miedo. Desean quedarse en la teta y no quieren encontrarse demasiado cerca de los otros cachorros. Este conflicto es el que origina en los perros la más precoz expresión del meneo de la cola.

La siguiente ocasión en que esto aparece es en el momento en que los cachorros solicitan alimentos de los animales adultos. Aquí se opera idéntico conflicto. Cuando la cría se acerca a su boca, para buscar allí alimento, se ve forzada de nuevo a estar en íntima proximidad con otros.

Más tarde, como adultos, cuando se saludan tras una separación, añaden el meneo de la cola a las otras señales de entrar de nuevo en contacto. Aquí el sentimiento amistoso y la aprensión se combinan para producir un conflicto emocional. El movimiento también acompaña a los avances sexuales, donde la atracción sexual y el miedo se encuentran simultáneamente presentes. Y, lo que es más importante, se produce cuando se realizan aproximaciones agresivas. En esos ejemplos, el animal que menea la cola, aunque hostil, tiene asimismo miedo: una vez más una situación de estados de humor conflictivos. La manera de menear la cola varía. En los animales más sumisos, los movimientos son lacios y amplios. En los animales agresivos son rígidos y cortos. Cuanto más subordinado es el animal que menea la cola, más baja la mantiene. El animal confiado la agita manteniéndola erguida por completo.

Si todo esto se percibe al observar a perros (o a lobos) que se encuentran uno a otro en una gran variedad de contextos sociales, ¿por qué el acto de menear la cola ha sido tan a menudo mal entendido y lo han etiquetado como una simple señal de amistad? La respuesta es que estamos mucho más familiarizados con los saludos hombre-perro que con las salutaciones perro-perro. Si poseemos varios perros, por lo general están juntos todo el tiempo, pero nosotros y ellos, de forma repetida, estamos partiendo y reuniéndonos cada día. Por lo tanto, lo que vemos una y otra vez es el amistoso y sumiso perro que saluda a su amo, o a su ama, al que considera como el miembro dominante de su «manada». El estado de ánimo que se impone en estas ocasiones es el de amistad y excitación; pero esa atracción se encuentra matizada con una leve aprensión, que es, de por sí, suficiente para desencadenar la conflictiva respuesta de menear la cola.

Encontramos esto muy duro de aceptar porque no nos gusta pensar que nuestros perros sientan hacia nosotros otra cosa que amor. La idea de que, al mismo tiempo, nos temen un poco, no nos sucede. Pero pensemos en nuestro tamaño, en la elevada talla de nuestro cuerpo, en relación con el de ellos. Nos inclinamos hacia el perro, y este solo detalle ya es algo preocupante para ellos. Añadamos el hecho de que somos dominantes sobre los perros, en diversos sentidos, y que dependen de nosotros para casi todos los aspectos de su supervivencia, con lo que no resultará sorprendente que su estado de ánimo sea de tipo mixto.

Finalmente, además de sus señales visuales, los meneos de la cola se cree que también transmiten señales olorosas. Estamos de nuevo ante algo que nos resulta dificil de comprender, a menos que contemplemos el mundo desde el punto de vista del animal. Los perros tienen aromas personales que se transmiten desde unas glándulas anales. Los meneos de cola tensos y vigorosos poseen el efecto de apretar ritmicamente esas glándulas. Si la cola se encuentra en una posición alta, como ocurre en los perros confiados, su rápida oscilación incrementará la expulsión de los olores. Aunque nuestra nariz humana no es tan eficiente como para apreciar esos aromas personales, poseen un gran significado entre ellos. Esta prima añadida es sin duda la que ha ejercido el papel principal que el simple conflicto de irse o quedarse, reflejado por el meneo de la cola.
¿POR QUÉ LEVANTAN LA PATA?

Todo el mundo está familiarizado con la idea de que, para los perros machos, el hecho de orinar es mucho más que la eliminación de las sustancias corporales no asimiladas. Cada vez que los sacan a pasear, el principal foco de interés radica en leer las señales químicas depositadas en lugares olorosos de distintas clases, dentro del radio de su hogar, por las deposiciones efectuadas por otros perros levantando la pata. Cada tronco de árbol y cada farola es olisqueada con profunda concentración. Luego, una vez leídos cuidadosamente estos mensajes odoríferos, el perro deja su propia marca olorosa, borrando el antiguo depósito con su propio y potente olor.

Cuando son cachorros, tanto machos como hembras se acuclillan para orinar; pero, en la pubertad, hacia los ocho o nueve meses, los machos comienzan a alzar una pata trasera cuando lanzan su chorro de orines. La pata alzada se mantiene rígida, con el cuerpo del perro ladeado para que la corriente de líquido se dirija a un lado, en vez de caer abajo, a la superficie del suelo. Y es tan poderoso el impulso de llevar a cabo este acto de levantar la pata que, en un paseo largo y lleno de olores, un perro puede quedarse sin orina y verse incapaz de producir una micción. En tales ocasiones, se observa cómo los perros tratan desesperadamente de conseguir unas gotas más para dejar su «tarjeta de visita». Aunque la vejiga está vacía por completo, continuarán alzando la pata, dado que se ha vuelto un acto independiente de la necesidad de eliminar los líquidos corporales.

Y, lo que es aún más curioso, no tiene ninguna relación con la virilidad del macho. Perros castrados antes de llegar a la pubertad comenzarán a alzar la pata a la misma edad que los sexualmente activos. Por lo tanto, aunque se trata de una actividad típicamente masculina, no parece estar relacionada con los niveles de testosterona, como cabía esperar. Pero, aunque no pueda estar «causado» por la presencia de hormonas sexuales, ciertamente dejará mensajes acerca de la condición sexual de los perros interesados, dado que las hormonas sexuales se excretan por la orina. También se encuentran presentes secreciones especiales y personales de las glándulas accesorias masculinas, ya que cada depósito oloroso tiene el valor de una etiqueta de identificación.

Se han dado tres explicaciones al fenómeno de que el macho levante la pata en vez de acuclillarse. La primera, y tal vez la más importante, radica en la necesidad de mantener lo más frescas posibles las señales de identidad. Depositarías en el suelo las hace más vulnerables a las perturbaciones que «colgarlas» en soportes verticales. En segundo lugar, las acerca a los hocicos de otros perros, haciéndolas más conspicuas y convirtiéndolas en lugares olorosos más accesibles al olisqueo. En tercer lugar, ayuda a informar a los demás perros, a los que recuerda que orinan donde se hallan localizados los mensajes olorosos. Se puede observar cómo un perro se aproxima a un lugar aislado o a un árbol desde una gran distancia, simplemente para olerlo y luego alzar la pata. En otras palabras, la selección de puntos verticales ayuda a restringir el número de lugares donde pueden encontrarse olores.

Una finalidad secundaria de este sistema de los machos de dejar marcas de olor es que también ayuda al propio perro a identificar el género de otro a distancia, simplemente al observar la silueta de su cuerpo cuando se detiene para orinar. Esta información puede servir luego para tomar decisiones respecto a aproximarse o no.

¿Qué son exactamente los mensajes transmitidos por el olor dejado en los soportes elegidos para orinar levantando la pata? Se han hecho diferentes sugerencias y, probablemente, todas ellas son correctas. La primera idea es que el mensaje es para el mismo perro. Al dejar un aroma personal en toda

su región hogareña patrullada convierte en suya aquella zona. Cuando regrese, se olerá a si mismo y sabrá que se trata de un terreno familiar. Nos sentimos en casa dentro del hogar porque está lleno de nuestras chucherías y pertenencias personales. El perro se siente en casa porque está marcada con los mojones de su territorio que constituyen sus «pertenencias odoríferas». La segunda teoria es que el mensaje va dirigido a los otros perros, para explicarles su condición sexual y su dominio territorial. También servirá para poner los sexos juntos o para expulsar a los otros perros que irrumpan en aquella demarcación. En contra de esto, se ha argumentado que a los machos les fascinan los olores de otros canes y nunca se alejan de sus mojones odoríferos con temor o temblando. Pero el hecho de que esas marcas no sean directamente amenazadoras no significa que fracasen en su misión de etiquetar aquella zona como «ocupada». En tercer lugar, una modificación especial de esta última idea consiste en que la base real de las marcas de olor radica en compartir el tiempo. Si, en estado salvaje, los grupos de perros tienen que vivir unos cerca de otros, con un mínimo de conflicto, ayuda mucho saber cuándo y con qué frecuencia pasan por allí grupos vecinos. Dado que la fuerza y calidad de las marcas olorosas dependen de su frescura, es posible calibrar la frecuencia con que otros perros patrullan por el área. Compartir las horas en unas zonas en particular puede llegar a ser posible, cuando los grupos se evitan mutuamente en vez de verse implicados en unas confrontaciones directas y tal vez peligrosas.

Los estudios realizados respecto a los perros que recorren en libertad un pueblo revelan que emplean, por lo menos, dos o tres horas al día en comprobar todas las marcas de olor de su territorio. Esto les obliga a expediciones diarias de varios kilómetros, y cada punto sellado con un olor que encuentra en su camino es cuidadosamente olfateado y leído, recibiendo sus mensajes más recientes. Aunque esto significa un gran esfuerzo y le ocupa mucho tiempo, proporciona a cada perro del pueblo un detallado mapa perruno de la zona, con información respecto al número de la población canina local, sus movimientos, condición sexual e identidad.

Por lo general, se cree que las hembras nunca levantan la pata, pero esto no es del todo cierto. Aproximadamente, una cuarta parte de las hembras alzan una pata trasera al orinar, su forma de hacerlo difiere de la del macho. Cuando la hembra alza la pata, la levanta por debajo del cuerpo, en vez de estirarla hacia un lado. El resultado es que su orina sigue cayendo en el suelo en vez de quedar depositada en una superficie vertical. De cuando en cuando, supera este problema al realizar una postura bastante rara a la vista, reculando junto a un poste o una pared, y orinando luego con ambas patas alzadas del suelo. En muy raras ocasiones, eleva la pata de la misma forma que el macho.





REINA

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Re: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« Respuesta #1 en: Noviembre 17, 2009, 10:40:29 am »
No me ha dado tiempo de leerlo entero, pero los cachitos que si he podido me resultan super interesantes.
Muchas gracias.
Un saludo

bomb

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Re: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« Respuesta #2 en: Enero 11, 2010, 16:34:54 pm »
hola escribo para haber si me puedes orientar estoy un poco desesperado tengo una bull desde hace 7 meses y la compre con 9 meses y es muy nerviosa incluso sacandola a correr 3 dias por semana 40 minutos,se come todo lo que encuentra por la calle incluso castigandola poniendola el bozal desde paquetes de clines enteros a la fibra de la caldera,la saco a la calle para que haga sus necesidades 4 veces al dia y la mayoria de los dia se las hace dentro del garaje, y se tira la mayoria del dia ladrando en la puerta de casa, si me puedes ayudar te lo agradezco un saludo.

Alex22

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Re: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« Respuesta #3 en: Enero 14, 2010, 11:32:55 am »
Te enviado un mensaje privado, Saludos!

gero_ataxia

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Re: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« Respuesta #4 en: Marzo 05, 2010, 03:47:12 am »
Buenisimo el articulo no lo termine de leer mañana con mas tiempo lo acabo es un groso desmond . gracias por el aporte

ruben_j2005

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Re: Preguntas Frecuentes. Desmond Morris
« Respuesta #5 en: Marzo 05, 2010, 08:47:20 am »
muy bueno muchas gracias..